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Atrévete a decir no  
 

nos libra de decidir, nos vuelve acreedores en vez de deudores y brinda cierta aprobación ajena. Pero eligiendo ese camino renunciamos a muchas cosas.

Todos sabemos articular la palabra «no» y, sin embargo, ¿cuántas veces se nos ha quedado escondida en la garganta? La tendencia repetida a decir sí cuando se quiere decir no parecería una buena estrategia para evitar el conflicto, contentar a los demás o ser uno más en el grupo. La experiencia, no obstante, nos indica que eso acaba complicándonos la vida. ¿Se trata de hipocresía o de incapacidad?
En la base de este problema se esconde la propia inseguridad, que impulsa a buscar la aprobación social y acoge el miedo al rechazo y a no ser valorado ni tenido en cuenta. De ahí surge, asimismo, el empeño por caer bien, por adaptarse a lo que se imagina que los otros esperan, por dar una buena imagen (amable, diligente, comprensiva, generosa, tolerante...). De esta inseguridad básica surge también el miedo a defraudar las expectativas de los demás, a no dar la talla, y la falsa idea de que sólo sacrificando las propias necesidades se logrará la valoración ajena.

A muchas personas les cuesta reconocer sus propias necesidades e imponer ciertos límites en algún área determinada. En los casos más extremos, la persona queda atrapada en este afán por adaptarse y contentar a los demás, lo que la aleja de sí misma, dificulta sus relaciones sociales, la deja más vulnerable al abuso y, cerrando el círculo, la torna más insegura si cabe.

Valorarse a uno mismo

Para superar esta dificultad y aprender a no dejarse llevar por los demás a la hora de tomar decisiones hay que entender que las opiniones propias son, como mínimo, tan significativas y valiosas como las de los demás. No hay que olvidar que sólo nosotros disfrutaremos o sufriremos las consecuencias de las decisiones tomadas y que, por tanto, vale la pena atreverse a asumir lo que pensamos, sentimos o deseamos y hacerlo en función de nuestros propios valores y prioridades vitales.
No es tarea fácil aprender a decir «no», superar poco a poco la inseguridad, defender las ideas en las que creemos o aquello que deseamos, ser capaces de poner límites a cuanto puede sobrepasarnos o freno a quienes pretenden abusar de nosotros... Pero todo proceso de superación esconde la fascinación por lo que nos hace más humanos: nuestra capacidad de crecer y de ampliar horizontes personales. El esfuerzo merece la pena.

Estrategias para poder decir no

Indagar en uno mismo.
Es importante plantearse una serie de cuestiones para comprender por qué nos cuesta tanto decir «no». ¿Qué es lo que más temo al dar una negativa? ¿A qué personas o situaciones me resulta más difícil negarme?

Ganar tiempo. Es útil ganar tiempo antes de contestar, a fin de aclararse y tomar fuerzas para exponer el propio parecer.


Descubrir nuestros deseos.Conviene preguntarse por lo que uno realmente desea, más allá de lo que quieran los demás. En algunos casos ambos deseos serán parejos, en ocasiones la persona puede decidir adaptarse, pero en otras la mejor decisión puede consistir en negarse.

Expresarse con claridad. Como una negativa puede ser desagradable es importante cuidar la forma en que se expresa:

  1. Reconocer las necesidades y los sentimientos de la otra persona.
  2. Explicar la razón por la que se rechaza la proposición, apelando a las propias necesidades y sentimientos.
  3. No culpar ni manipular (para lograr la colaboración de los demás no suele ser una buena medida hacerles responsables de sus propios males).
  4. Asegurarse de que la otra persona ha entendido la decisión.
  5. Ofrecer alternativas teniendo en cuenta las necesidades mutuas.

Mantenerse firme. Una vez que se ha expresado una decisión es importante mantenerla, o llegar a una renegociación.

 
 
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